RESILIENCIA MARFILEÑA

Caer. Tropezar. Levantarse. Seguir. Mantener el mood. Volver a levantarse. Avanzar. Independientemente de si se trata de un día que comenzó con algún altibajo y es necesario cambiar la cara, o si se trata de algún asunto vinculado a la salud que demande meses de recuperación, estudios, paciencia, amor, y fe. Órdenes de la vida, que operan en ella y también en el fútbol.

Los muchachos de Costa de Marfil son un caso serio de fuerza frente a la adversidad y de pararse del lado de la vida en el cual se busca la superación constante. Y eso lo hicieron con corazón. Con valentía. Con hidalguía y con trabajo en equipo. Dejando las tripas. Buscando la fuerza como un poder mágico que nace dentro de uno. Con pulsión de vida. Sabiendo que la copa se juega en su casa y frente a su gente, y se le quiere dar la alegría. Dándose cuenta de que se está en el momento exacto para torcer el rumbo de la historia y actuar en consecuencia -hacer uso de la virtud o vislumbrar- diría Maquiavelo.

Por otra parte, también está la suerte. Un poco de suerte también hay que tener. Desde acá, pensamos que a la suerte hay que darle un empujoncito y ayudarla con acciones para que pueda manifestarse. Este equipo apeló a eso.

Luego de una victoria inicial contra Guinea-Bisáu, llegaron dos derrotas contra Nigeria y Guinea Ecuatorial. La última por 4-0 contra los ecuatoguineanos. Esta pobre exposición le supuso a Les éléphants terminar terceros en su grupo y con solo 3 puntos. Pensando en la eliminación, la Federación marfileña echó al técnico de la selección, el francés Jean-Louis Gasset. Para poder clasificar, Costa de Marfil dependía de que se diesen otros resultados entre otras selecciones. Asumió en su lugar el técnico asistente y ex jugador de la selección marfileña, Emerse Faé.

Acá se comienza a torcer la historia. Acá, la suerte hace su aparición estelar y cambia la dinámica de los acontecimientos. Así como lo hace un artista con una nueva obra, o como lo hizo Rian Johnson para crear un guion con sorpresas y cambios de rumbo impredecibles en Knives Out. Se dieron resultados en otros grupos y Costa de Marfil logró clasificar como tercera. Primer parte de la hazaña, adentro.

En octavos de final, Costa de Marfil enfrentó a Senegal, vigente campeona. Perdía 1 a 0, lo empató en el 86′ y lo ganó por penales. Segunda parte de la hazaña, concretada. 

En cuartos de final, se superpusieron a todo. Jugando contra Malí, le echaron un jugador al 43′. En el 71′, Nene Dorgeles puso el 1 a 0 para Malí. Que golazo, nene. Lo empataron al 90′, forzaron el alargue y ahí lo ganaron en el 120′. Costa de Marfil dio vuelta el partido con dos goles in extremis y jugando con un hombre menos durante una hora y quince minutos de partido. Tercera parte de la hazaña, en el bolsillo. Y con épica.

En semifinales, partido durísimo contra Congo. Victoria 1 a 0 con gol del gran héroe Haller y clasificación a la final. La cuarta parte de la hazaña, llevada a cabo.

Sébastien Haller, el delantero marfileño que se transformó en el héroe de su vida al ganarle al cáncer. Luego de 7 meses de recuperación, tratamiento, inactividad futbolística total y dos operaciones, le ganó. Como él afirma: «La quimioterapia rompió mi cuerpo por dentro, la operación por fuera. Así que vas recogiendo poco a poco. Y después de la quimio, aunque te sientes bastante bien, pareces muy enfermo, tienes los ojos hundidos, sin pelo, los labios negros.¨ El logro de sobreponerse a la adversidad, con arrojo, convencimiento y amor, presente en toda su figura en este símbolo marfileño. Y no, lector o lectora, no se confunda: esto no se trata de romantizar la superación de un cáncer. Pero es que esa mierda puede aparecer y ahí es necesaria la fuerza interior para salir adelante. Con huevo. Con osadía. Con voluntad. Creyendo en un futuro mejor, aunque el presente duela. Ir por el éxito luchado, como un oxímoron de haber atravesado una circunstancia de esta magnitud. Y saberse ganador.

En la final, la épica volvió a estar del lado local. A pesar de comenzar en desventaja con el 1 a 0 en contra a los 38′, Costa de Marfil lo dio vuelta con un gol del ex Milan y Barcelona Franck Kessié a los 62′ y otro del principal protagonista Haller, a los 81′. Este delantero marcó un gol en semifinales para ganar y jugar la final, y luego hizo otro gol para salir campeón de África. Un gran héroe en este lío.

El resumen de la final. Fuente: canal de YouTube de la CAF.

Pensando en que se va a poder. Con tenacidad. Con inteligencia, y con el corazón. Con la suerte divina. Así ganó Costa de Marfil su tercera copa África. En las tribunas, festeja nuestro ídolo (me pongo de pie) Didier Drogba. El hombre que la descosió en el Chelsea de Mou. A quien también recordaremos como al ser humano que logró unificar a su país al detener la guerra civil marfileña con un alto al fuego en 2007.

A pesar de ser el anfitrión, Costa de Marfil la corrió de atrás en casi toda la copa. La resiliencia fue su herramienta más fuerte, y eso está bien, porque así es la vida. No siempre se está ganando. A veces, hay que pedalear a contramano, porque así es. No está tan mal. Es que, es justamente de este lado donde se hacen posible las quimeras.

2 comentarios sobre “RESILIENCIA MARFILEÑA

  1. Increíble hazaña de un honorable campeón de Africa, el brazo a torcer fue fundamental conocer la derrota. Se me viene a la mente como hincha incondicional de Argentina, la reciente copa del mundo que comenzamos tocando fondo frente a la respetable selección saudí. Los equipos deben conocer este sentimiento para remontar y ganar partidos épicos que te llevan al camino a la objetivo principal como en este caso. Merecido y muy bien por el futbol marfileño. Tuve la oportunidad de verlo en vivo en Hamburgo en su primer partido en una copa del mundo, alla por el 2006 en Alemania. Fue un partido duro, ganamos 2 a 1 y con el arco temblando. En Abu Dhabi durante el Mundial de Clubes tuve la oportunidad de compartir un «picadito» y charlas de futbol y vida con Didier Drogba. La humildad, resiliencia y pasión por el futbol alimentaron mis ganas por ser un hincha marfileño.

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