El arquitecto de la victoria blue en la tarde neoyorquina. El joven inglés que desarmó la estrategia del PSG con la precisión de un cirujano y la frialdad de un veterano. Dos goles y una asistencia en apenas 45 minutos, y la sensación de que el partido ya estaba escrito con su zurda mágica.
Iban solo 22′ de juego cuando Palmer recibió un pase de Malo Gusto en el área parisina. Con la calma de quienes actúan en una simple escena de rodaje en la cual ya conocen el final, el flaco decidió colocar la pelota junto al palo derecho del arquero italiano, dejándolo sin respuesta. Típico de Palmer.
No fue casualidad: a los 30′ repitió la fórmula, esta vez tras sacarse a Vitinha de encima con un amago. Gol calcado del primero en su definición. Otro disparo que partió la defensa parisina como un cuchillo corta fácil a la carne bien hecha de un asado.
Gol de categoría, by the way. En una baldosa, amagó con su cuerpo sin tocar la pelota y le pintó la cara a quien es la manija de juego del equipo que, al menos en lo previo, era el apuntado por la prensa como campeón.
Pero su show seguía. Antes del descanso, un pase quirúrgico a João Pedro selló la goleada y dejó claro que Palmer no solo hace goles, sino que también sabe hacer brillar a los demás. Fue el cerebro y el motor del equipo londinense.

Su celebración, ese gesto de frotarse los brazos como si tuviera frío, tiene detrás un doble significado. En su festejo, homenajea a Morgan Rogers, su amigo y ex compañero de batallas en la cantera del City. Además, es una declaración de su frialdad para definir en los momentos clave.
Un festejo contrario al calor sofocante de la ciudad neoyorquina en estos días. En un día caluroso, el frío de Palmer se hizo sentir.
Un jugador que combina técnica, inteligencia y corazón para brillar en los momentos más importantes. Cole Palmer, el nombre que hoy retumba en el corazón de Stamford Bridge. El merecido ganador del Balón de Oro. El mejor jugador del mundial de clubes.

En esta final, fue la luz que iluminó el camino azul hacia la gloria.
Fue el frío en New York.