
De los que no claudican ni balbucean. De esos que no da una sola pelota por perdida. De los que siente el fuego sagrado dentro suyo y lo transmuta en la cancha, a fuerza de entrega.
Por supuesto, sigue siendo un mortal. Y en ocasiones, como tal, su luz no brilla con todo el fulgor que guarda en su interior.
Sin embargo, que a nadie le queden dudas: mientras él esté en la cancha, ahí hay un guerrero dispuesto a sacrificarse y dar la batalla por los colores negro y amarillo.
Y a veces, el destino premia a la tenacidad con gol. Ayer clavó dos pepinos para una goleada histórica en Bolivia.
En silencio y sin estridencias: su fútbol es encomiable. De los que no hablan para la tribuna ni venden humo. De los que no necesitan auto promocionarse para ser queridos por la hinchada. La misma que a fuerza de aliento le metió en la cabeza palabras como Copa Libertadores.
Con perfil bajo y a pura determinación, ahí va un fiel representante de los nuestros. A la altura. Con actitud .Estos son los que nos caen bien.