EL BOOM HOTELERO DE LA CORONILLA: INICIO Y FINAL

Es movilizador escribir sobre La Coronilla. Es difícil poner en palabras exactas lo que se quiere transmitir. Se trata de un sitio con mucha paz y ciertamente hablamos de un lugar muy tranquilo y seguro para vivir. Sin embargo, no todo es lo que parece. Y es que, si bien la tranquilidad que se siente en el espíritu al recorrer este balneario es maravillosa, lo cierto es que el mero hecho de andar por sus calles no consigue evocar signo alguno de la historia de las discusiones subidas de tono que se han tenido desde el siglo XIX en el Parlamento del Palacio Legislativo acerca del destino de este pueblo. Aunque, reducir el espectro de la discusión al Parlamento, es quedarse corto. En el pueblo mismo las perspectivas se han enfrentado. Tantas veces, tantas voces, durante tantos años, han debatido de manera acalorada sobre qué hacer con este lugar, que parece mentira sentir el sosiego reinante en todo el pueblo mientras se lo recorre. Algo ha pasado aquí y no sabemos qué es. Something is off. Entonces, la sensación de paz absoluta muta a un estado intermedio entre la calma y la intriga. Alguna parte de la historia parece haberse disuelto en el tiempo como arena entre los dedos, o como canciones a las que simplemente se las lleva el viento. Falta información. De repente, llegando hacia la zona de la playa, los ojos divisan lo que parecen ser viejas construcciones abandonadas. Al aproximarse, es posible confirmar lo anteriormente visto desde lejos. Se trata de antiguos hoteles. ¿Enormes hoteles abandonados en un pueblo de 500 personas? Definitivamente, este es el punto en el cual el asombro se apodera del ser, y solo surgen preguntas.

Es importante aclarar que a finales del siglo XIX, La Coronilla ni siquiera se llamaba así. A falta de un nombre oficial, entre la década de 1880 y 1908, la zona era conocida como ¨la Colonia¨ o ¨los rancheríos de Gervasio». Desde 1908 a 1951, este sitio empieza a transformarse lentamente en un balneario, recibiendo en aquel entonces la denominación de ¨Gervasio¨. Recién en 1951 comienza a llamarse con su nombre actual.

La Coronilla, debido a su naturaleza geográfica, se trata de un sitio hermoso. Si se mira hacia el oeste, las diferentes tonalidades de vegetación verde en conjunto con el cielo celeste como techo brindan una imagen bellísima. Si se mira hacia el este, las aguas color turquesa del océano Atlántico, el mismo cielo celeste y las arenas blancas forman un paisaje que le otorga a quien llegue hasta estas playas la posibilidad de encontrarse frente a frente con la majestuosidad de lo simple. Quien viva aquí, debe intentar no dejar que la cotidianeidad le robe la chance de sentirse en un paraíso.

Una imagen desde adentro del abandonado hotel ¨Mesón Las Cholgas¨, hacia el oeste (2024).
Una imagen del paisaje hacia el este, desde el ya mencionado Mesón Las Cholgas (2024).

Un día alguien se dio cuenta de esto, y le pareció una buena idea crear un establecimiento hotelero. Mientras en Europa se estaba creando el caldo de cultivo para la segunda guerra mundial, aquí abrió el primer complejo hotelero llamado ¨Las Maravillas¨. Estamos en 1935. Definitivamente, dos mundos distintos.

Resulta que la idea fue buena. De a poco, comenzaron a existir más hoteles en La Coronilla. Esto dio lugar a un boom hotelero que tuvo su época de auge entre 1960 y 1980, y que finalizó entrada la década del 90′.

Aquí entra en escena Ugolino Zecchi. Un inmigrante italiano que llegó a las costas rochenses en la década del 40′, escapando de las consecuencias de las guerras mundiales. Este lugar del mundo le dio a Ugolino la paz y el desarrollo que buscaba. Primero comenzó con un emprendimiento agrícola y algunas obras viales, para luego embarcarse en la construcción del hotel Costas del Mar, un gran complejo hotelero que llegó a tener un casino del Estado, entre otras cuestiones. Este señor fue un gran hacedor del crecimiento de La Coronilla y no se puede hablar de la historia de este lugar sin mencionarlo.

Hotel Costas del Mar (1960). El artífice del mismo fue el italiano Ugolino Zecchi. Foto: archivo de la Revista Histórica Rochense.

Otro gran complejo hotelero fue el Mesón Las Cholgas, creado en 1968. A continuación, una foto del mismo.

Mesón Las Cholgas, año 1968. Foto: http://bibliotecadigital.bibna.gub.uy/

Aviso publicitario del Mesón Las Cholgas (1990). Foto: archivo de la Revista Histórica Rochense.

Anuncio de la vieja empresa Onda, ofreciendo traslados desde Piriápolis hasta La Coronilla. 1961. Foto: archivo de la Revista Histórica Rochense.

Aunque sin dudas, la figura central de la historia de La Coronilla es Luigi Andreoni (1853, Vercelli, Italia). Recibido de ingeniero con las mejores notas a la temprana edad de 21 años (en aquel momento estudiar ingeniería también comprendía estudios de arquitectura), Luigi llegó a Uruguay en 1876, buscando libertad para poder desarrollar su creatividad e inventiva. Y vaya si dejó su huella. Sitios icónicos de la capital uruguaya como el Hospital Italiano, la Estación Central General Artigas, el Palacio Buxareo y el Banco Inglés, fueron sólo algunos de los diseñados desde la mente de este ingeniero y arquitecto italiano. Todas estas, obras que se construyeron en las postrimerías del siglo XIX. Andreoni dejó una marca social y cultural en Montevideo, pero no fue sólo allí donde lo haría. En La Coronilla, Luigi construyó una vía fluvial en forma de canal que cambió el rumbo de este lugar para siempre.

Este balneario rochense tiene un atractivo turístico marcado por toda la belleza natural que lo caracteriza, lo cual lo transformó en un lugar top de descanso, ya que quienes venían aquí solían ser personas con una muy buena capacidad económica, debido a los altos precios. Muchos años antes de que balnearios como Punta del Diablo, Valizas, La Pedrera, o Cabo Polonio se transformaran en los sitios con gran afluencia de turistas que son hoy en día, La Coronilla estaba compitiendo palmo a palmo con Piriápolis (Maldonado) como principal zona turística en el Este del país.

El canal Andreoni y el puente a través del cual se cruza el mismo (2024).
Yo en el canal Andreoni (2024).

A estas alturas del artículo, las preguntas surgen por sí solas. ¿Qué fue lo que ocurrió con La Coronilla? ¿Por qué pasó de ser un balneario top a quedar marginada al ostracismo turístico del este uruguayo? ¿Cuáles fueron los factores que jugaron un papel preponderante para este desenlace?

Las razones son multicausales, y están todas vinculadas entre sí. La intervención del gobierno militar llevó a la extensión del canal Andreoni, la cual generó daños en el ecosistema de La Coronilla que afectaron notablemente a la pesca y el turismo. Otro punto clave para responder a estas preguntas, es sin dudas la ampliación de la ruta 9.

En 1898 comenzaron las obras para construir el canal, que llevó el apellido de su padre creador: Andreoni. El trabajo se llevó a cabo en distintas etapas, finalizando las mismas recién en 1910.

En algún punto de la construcción del canal Andreoni entre 1898 y 1910. Foto: archivo de la Revista Histórica Rochense.

El motivo de la construcción del canal tuvo que ver con el desecado de bañados. Habían zonas cercanas a la playa de La Coronilla que eran ideales para el pastoreo del ganado, y necesitaban desecarse para poder ser explotadas. Las obras de desecación iban a permitir que esas aguas salieran hacia el océano Atlántico, a través del canal. De esta forma, se iban a desecar cuatro mil hectáreas de bañados de ¨Las Maravillas¨ para volverlos así una zona productiva para la agricultura. En esta primera intervención humana creando el canal, el mismo quedó con poco más de 3 kilómetros de largo. Posteriormente, ya entrada la década del 50′ se extendió el canal, que alcanzó en aquel entonces 16 kilómetros de longitud. Esta vez, el canal se expandió debido a la creación de un proyecto llamado ¨Salinas Marítimas¨, que pretendía desecar agua del océano para obtener sal. Es de vital importancia aclarar que, inclusive con esta nueva longitud de 16 kilómetros, la cantidad de agua que salía desde los bañados hacia el océano no afectó en nada el estado de la playa o de sus aguas, así como tampoco al ecosistema allí presente.

EL INICIO DEL FIN DEL BOOM HOTELERO

En la época de la dictadura uruguaya (1973 – 1985), el gobierno militar llevó a la realidad un nuevo proyecto de desecación de los bañadas que fue denominado ¨Obras de Interés Nacional¨ y que extendió el canal más del triple del tamaño que tenía, llevándolo a una longitud total de 68 kilómetros. Esto provocó que caudales de agua que venían de las zonas norte, noreste y noroeste de Rocha y que desembocaban de forma natural en la laguna Merín, de repente comenzasen a desembocar en el canal Andreoni, y de ahí hacia las aguas del Atlántico. Este hecho fue en particular catastrófico para La Coronilla. Los excedentes de agua generaron inundaciones de extensos territorios debido a sus desbordes, a la vez que causaron un gran daño a la playa de La Coronilla.           

El ecosistema de la playa se vio afectado seriamente, haciendo que los pescadores locales viesen como desaparecían cangrejos siris y lenguados, a la vez que disminuyó notoriamente la pesca de corvinas, lisas y sardinas. La almeja amarilla, molusco que sirve de alimento y que es característico de esta zona en particular, enfrentó un período de mortandad masiva entre 1994 y 2007. Como detalla la licenciada en Biología Marina Gabriela Jorge Romero en su tesis ¨Efectos ecosistémicos de la descarga de agua dulce en una playa arenosa disipativa de Uruguay¨, llevada a cabo para su título de Magíster en Ciencias Biológicas, ¨el efecto de la descarga artificial de agua dulce sobre la playa afectó a la comunidad de  macroinvertebrados, hecho que se vio reflejado a nivel ecosistémico ̈ (2016). Como ella misma remarca al final de su tesis, surge ¨la necesidad de implementar un manejo integral basado en el conocimiento  ecológico que asegure la sustentabilidad del sistema de playas¨ (2016).  Los coletazos fueron no solo a nivel ecológico sino que también turístico, y explican en gran medida el fin del boom hotelero. Cuando hay lluvias, las aguas dulces viajan hacia la playa, llevando consigo agroquímicos de las arroceras, animales muertos, ramas y camalotes. En ocasiones, aparece algún cadáver de una vaca en la arena, o de algún otro animal. Este panorama sumado a la mugre formada en la playa, generó que la mayoría de los turistas comenzaran a alejarse de La Coronilla para no volver a elegirla como destino turístico.

El cadáver de una vaca en la playa de La Coronilla, post tormenta. Foto: Omar Defeo.

A su vez, otro hecho que colaboró con el fin del boom hotelero fue la ampliación de la vieja ruta 9, llevada a cabo durante el mismo período de tiempo de la extensión del canal. Esta renovación de la ruta 9, ahora más alta y ancha, permitió que fuese mucho más fácil llegar a ciudades como Punta del Este, La Paloma y otras, que competían turísticamente con La Coronilla. Con la ruta 9 renovada, el turismo comenzó a ampliarse en distancia. Esto se vio de manifiesto particularmente con el público proveniente de Brasil, que ahora tenía al alcance de su mano la posibilidad de viajar y hacer turismo hacia otros lugares de una manera mucho más accesible. Este elemento forma parte de la historia porque su introducción está dada por el mismo gobierno militar que paralelamente trabajaba en la expansión del canal. Por lo tanto, la ampliación de la ruta 9 tiene mucho que ver con la explicación del fin del boom hotelero, y constituye un elemento clave dentro de este análisis.

La estocada final para el turismo coronillense tuvo lugar el 13 de noviembre de 1990. Eso fue pocos días antes de que comience la temporada de verano. En esa ocasión, tuvo lugar una tormenta de lluvias que dejó el balneario inundado y con la playa cubierta de camalotes, árboles, deshechos y animales muertos.

A continuación, algunas fotos del abandonado Mesón Las Cholgas. Algunas son sacadas por mí y otras por Valentina de León, que tiene un gran ojo para la fotografía. Gracias a ella y su hermano y mi amigo Germán Silveira por el tour y la historia de este lugar.

En definitiva, un cúmulo de decisiones políticas impidieron el desarrollo de una zona del país que tiene muchísimo para crecer. Dicen por ahí, que somos las decisiones que tomamos; y esto aplica a personas, pueblos y países. Decisiones que le han signado a este lugar un destino errático, privándolo de poder llegar al lugar de desarrollo económico, social y cultural que se merece. Actualmente, hay un plan de obras del Ministerio de Transporte y Obras Públicas para evitar inundaciones y mejorar la situación de las aguas que llegan hasta la playa, que se viene llevando a cabo en diferentes etapas.

Por mientras, La Coronilla espera.

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