A veces, se disfruta más del recorrido en ruta yendo hacia una ciudad que de la ciudad en sí misma; aunque en este caso, puedo afirmar con total certeza que disfruté mucho de ambas. Partir desde Maldonado tomando la ruta 39 que recorre en su totalidad 85 kilómetros para ir hacia Aiguá a las 05.45 de la mañana fue una muy buena decisión; posibilitó que en la última media hora de viaje -llegando a Aiguá- pudiese disfrutar de un amanecer hermoso, porque fue un día de cielo despejado y al ser tan temprano en la mañana, fui testigo de un amanecer como pocas veces he visto: con el Sol saliendo desde el Este, iluminando las sierras y permitiéndome apreciar un momento muy lindo ya entrando el día. Desde los primeros instantes en que el astro rey se asomó entre las sierras y sus primeros rayos de luz tocaron tierras aigüenses, interpreté eso como una señal de buen augurio de parte de la Madre Naturaleza de que en Aiguá iba a estar todo bien. Y no solo estuvo bien; me sorprendió y superó mis expectativas.
Antes de comenzar a hablar sobre el tema que le da razón de ser a este artículo (la recuperación de las fachadas de la ciudad), me parece menester mencionar que este viaje y todo lo que el mismo trajo consigo no hubiese sido posible sin @correacalabuig, un ex compañero de trabajo en Punta del Este que se ofreció para darme hospedaje en su hogar, conocer la ciudad (o el pueblo, como ahí le llaman), poder compartir unos días muy lindos con su familia y amistades en los que las comidas ricas y la buena onda estuvieron a la orden del día y eso es para agradecer y destacar. Pero no queda ahí: gracias a Carlitos que me llevó hasta el Cerro Catedral, pude disfrutar de un atardecer majestuoso en el sitio que con 513 metros de altura es el punto más alto del Paisito y además enterarme de primera mano de muchos hechos y situaciones que tienen que ver con la historia del pueblo y del sentir aigüense, como por ejemplo la tranquilidad de saber que en ese pueblo enclavado en un valle se puede dejar el auto encendido al entrar a un negocio y al salir el auto seguirá ahí como si nada, ya que los robos no suelen tener asidero en este lugar.
Aiguá es el único pueblo del Uruguay que fue fundado por una mujer: Margarita Muniz, quien en 1892 donó unas tierras que heredó de sus padres para la creación de un sitio que en un principio se llamó ¨San Antonio de Aiguá¨. Según una plaqueta que la recuerda en el circuito histórico en el que está ubicado el solar que lleva su nombre en pleno centro de Aiguá, se la recuerda como una mujer generosa, bondadosa, y visionaria que además tenía muy buena llegada entre la gente joven, de ahí viene su apodo de ¨mamá Margarita¨.
Y llegamos a la cuestión de fondo: el proyecto de recuperación de fachadas patrimoniales de Aiguá.
Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX se construyeron muchas casas en Aiguá siguiendo los lineamientos arquitectónicos de la época. Con el correr de los años, aquellos viejos hogares comenzaron a quedar en un estado de deterioro parcial debido al avance del tiempo y la incuria, lo que llevó a que hace aproximadamente cuarenta años se hayan organizado comisiones entre vecinos del pueblo con el objetivo de llegar a una solución al respecto, pero por distintas circunstancias no lograba concretarse. Hasta que un día en una charla entre el maestro Ariel Larrosa y la profesora Liliana Bernárdez de Antía encontraron un sueño en común: transformar a la ciudad de Aiguá, dándole un lavado de cara necesario para recuperar su identidad histórica, patrimonial y cultural y de paso revitalizar el turismo en un sitio que en el que se respira aire puro ya que Aiguá está en un valle, rodeada de sierras y eso hace que para donde sea que uno mire, se vean las sierras de fondo, otorgándole al pueblo una característica paisajística extra como pocas hay en el Uruguay y que también la define.

Sin embargo, hacer realidad el sueño no fue (y no es, porque aún está en desarrollo) nada fácil: en un principio la idea era simplemente pintar las fachadas de las casas y otras construcciones pero se dieron cuenta rápidamente de que se debía cambiar un poco la estrategia; ya que en muchas casas era necesaria una restauración parcial o total de la fachada para luego sí poder pintarla. Luego de visto el panorama y de la aprobación de los vecinos aigüenses y de la Intendencia de Maldonado, en Agosto de 2017 comenzaron las obras. Alrededor de cien lugares fueron elegidos para comenzar su etapa de pintura y también en varios casos, de restauración. Dicho sea de paso, restauración 100% necesaria en varios sitios para poder llevar semejante obra a cabo.
La tarea ha sido encomiable: para llegar al punto en el que está Aiguá hoy en día con más de 70 fachadas ya reconstruidas y pintadas se han debido realizar tareas de hidrolavado, arreglo de revoques, arenado, se han buscado y conseguido piezas antiguas en remates y las que no se pudieron conseguir por esa vía fueron construidas por la carpintería de la Intendencia de Maldonado, siguiendo el tipo de fachada original de la época. Las macetas con flores son otro decorativo típico que se pueden observar en las ventanas de estas fachadas. A la iniciativa de los docentes Larrosa y Bernárdez de Antía, ha sido menester sumarle el apoyo económico de la Intendencia de Maldonado, que es quien cubre económicamente este proyecto (los y las propietarios/as de los hogares no han tenido que usar dinero de su bolsillos para esta recuperación de la identidad de su pueblo), y del Municipio aigüense que ha colaborado de forma importante realizando tareas tales como la limpieza del excedente de obra y realizando la gestión de distintos trámites.
El caso de Aiguá es bien interesante, porque además de ser un lugar que recupera su identidad y eso ya es mucho decir, la forma en la que lo hace merece destaque. Aquí existe un interés y un trabajo en conjunto del pueblo y de las autoridades para realzar la belleza escondida que Aiguá tiene para mostrarle al mundo y eso no siempre se ve.








sdr 



Pensándolo, Aiguá ha tenido un encanto natural desde sus inicios. Es una ciudad enclavada en un valle, rodeada de sierras, a pocos kilómetros de paraísos naturales de nuestra tierra oriental como las grutas de Salamanca, el Cerro Catedral y Villa Serrana, y ahora le agrega un renovado Circuito Histórico y la recuperación de sus fachadas originales, la mayoría con más de 100 años de construidas.
Para quien escribe, la armonía generada por los colores de las fachadas se corresponde perfectamente con la armonía que genera sentir -se- y observar desde cualquier esquina del pueblo el verde paisaje de las sierras, armonía que sumada a lo anteriormente mencionado encuentra su punto de inflexión en el elemento que originariamente le dió su nombre al pueblo: el agua, y los arroyos que rodean Aiguá y forman parte de sí misma la terminan definiendo y otorgando su nombre; que en el idioma guaraní significa ¨agua que corre¨.





Un placer Alejandro haber compartidos esos día contigo . Además de describir nuestro pueblo tan generosamente y saber captar cada detalle y energías del lugar , eres una persona muy hermosa en tu actuar y proseder. Gracias gracias . Hasta la próxima .
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