Reflexión coronavirus en el norte sueco, Mayo de 2020




Hace un año estaba entre unas montañas al norte de Inglaterra, pensando en cómo sería mi visa Working Holiday en Suecia y todo lo que esa experiencia traería.


Tenía claro que quería arrancar haciendo un workaway (Workaway es una página web online para trabajar a cambio de comida y alojamiento) y esa era la idea para ahorrar algo de dinero al principio ya que el sistema de inmigración sueca es lento y burocrático. (y vivir algo nuevo y diferente ya de paso)..
Estuve en una comunidad Hare Krishna bien al sur de Suecia ubicada en Lövestad por un mes. Luego estuve 6 meses en Gotemburgo laburando en un par de restaurantes, intentando en un momento laburar de mago, (al final eso no salió). Un poco perdido durante un rato y buscando mi camino. Me fui al Círculo Polar Ártico en la Laponia sueca a trabajar en una cocina (pero eso era sólo la excusa) para poder vivir una experiencia distinta a las demás. Y vaya que la viví! Con sus momentos buenos y no tan buenos, ha sido una experiencia maravillosa y muy intensa. Ya van 5 meses aquí entre nieve, climas bajo cero, árboles, ríos y lagos congelados divididos en Särkimukka y Lannavara. Muy distinto al Maldonado en el que yo me crié. Y amo vivir esta experiencia. .
Hoy en día me encuentro esperando la oportunidad de volver al paisito ya que hace un rato no ando por ahí y quiero ver a mi familia, a mis mascotas y a un par de amigos. El coronavirus hizo que se me cancelen los vuelos, así como ha tirado a la basura los planes de millones de personas a lo largo y ancho del mundo.


Creo que este virus ha sacado lo peor y lo mejor del ser humano. Vemos a personas y gobiernos priorizando la salud por sobre la economía y a otros tomando exactamente el camino inverso. Vemos egoísmo a niveles insuperables y bondades maravillosas.
Creo que hace falta muchísima más empatía y menos falsedad en el mundo.


Me parece increíble que más allá de la clase social a la cual pertenezcamos, color de piel, preferencia sexual, orígenes, etc, sea un virus el que tenga que venir a recordarnos que todos somos lo mismo, que nadie es inmortal por más dinero o influencias que tenga, porque los humanos somos seres hechos de carne y hueso y al final nuestros cuerpos físicos terminan todos en el mismo lugar. Si tenemos suerte y nuestra alma recuerda, las únicas cosas que nos llevaremos a ese más allá será el amor compartido y las experiencias vividas y los aprendizajes cosechados gracias a esas vivencias durante este camino llamado vida.


Creo que la humanidad no aprenderá demasiado de esto, porque vivimos en un mundo maravilloso pero con mucha gente egoísta e individualista. Realmente espero equivocarme respecto a esto último. Mucha gente va a aprender cosas nuevas y positivas para su vida. Y otras tantas, volverán a la misma rosca. Mi esperanza, es que las generaciones nuevas entiendan y comprendan la importancia de vivir en un mundo más humanitario y menos marcado por las reglas del consumo.


Cómo en esta foto sacada por el mae Pierre Terranova (hermano tico con quien compartimos la experiencia del norte inglés) en Lake District y con la compañía de nuestra amiga canina Sahara, sepan que volveré (mos) a viajar porque debemos saber que -más tarde que temprano espero- vamos a tener que aprender a convivir con el virus y volverán los viajes. Y las experiencias, y los aprendizajes..

Lake Disctrict, norte británico. Yo y Sahara.


Todos/as tenemos muchos momentos hermosos por vivir. Proyectos por realizar, viajes por hacer, películas por mirar, libros por leer, deportes con los que vibrar, lugares para admirar, personas/animales por amar, momentos por sentir. La lista es larga.


Hasta donde yo sé, la vida es una sola, y se pasa rápido. Tratemos de ser lo más felices posible con lo que tengamos en donde sea porque de eso se trata y no hay más.

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