El 2020 fue un año muy complicado y difícil para mucha gente. El mío no fue la excepción, y la segunda mitad del año estuvo bastante convulsionada en mi vida por diferentes motivos.
Luego de buscar trabajo de manera seria durante un par de meses, allá por Diciembre, por fin conseguí un trabajo. La sensación era extraña; por un lado, plena felicidad de saber que tenía finalmente esa oportunidad por la cual tanto había hecho en mis manos y por otro, andaban rondando en mis pensamientos hacía un rato ya las ganas de ir a algún balneario rochense aunque fuese un par de días a disfrutar y desenchufarme. Como para paliar un poco las ganas de viajar y de sentirme yo mismo.
Encaré muy motivado ese desafío laboral y a fin del año pasado me despidieron luego de dos semanas; sin aviso, y sin motivo. Cuando expresé que me parecía una decisión injusta y apresurada, me respondieron del otro lado del teléfono : «y bueno Alejandro, la vida es injusta».
Esa llamada activó algo en mí. Como esas ganas de mandar todo al carajo como solemos decir, pero quería hacer algo bueno para mí. Ahí fue cuando me di cuenta de que mi destino (al menos durante esta temporada) estaba en Rocha y no en Maldonado. Y de que estaba postergándome (a mí, a mis deseos, a mi sentir y a mi parecer) por «cumplir» con la necesidad de trabajar durante la temporada.
Por una serie de circunstancias, se fueron uniendo piezas una tras otra y ahora, hoy mismo, hace un mes que estoy en el Cabo.

¿Y saben qué? Fue la mejor decisión que tomé. He conocido gente de lo más interesante, el equipo de trabajo que me tocó está integrado por muy buena gente, estoy por primera vez disfrutando de un verano en Uruguay, en un lugar de verdad maravilloso. Lleno de estrellas, personajes, leyendas paranormales, historias de naufragios, mates, música, sonrisas y atardeceres.
Me volví a conectar con mi yo lector, leyendo de manera casi diaria y al final de un mes leí dos libros, 1984 de George Orwell y Lugares Asombrosos de Luisito Comunica.
Me volví a conectar con mi yo viajero; al trabajar en un hostel y restaurante, entra y sale gente nueva todo el tiempo, gente que está de viaje y en muchos casos está buscando perderse de su rutina para encontrarse a sí mismos, gente que simplemente viene a conocer y disfrutar del lugar; como sea, las historias de viajes, anécdotas y aprendizajes acompañadas por mates, vino, marihuana o cerveza estuvieron a la orden del día.

Mi 2021 empezó muchísimo mejor de lo que había imaginado. ¿Seguirá siendo así? Ni idea. Ojalá. Pero me animé a tomar una decisión en base a lo mi que mi ser, entero, me pedía.
Ahora pienso, ¿porqué no lograba escucharme? Y pienso que tal vez, entré muy de lleno en la vorágine fernandina/uruguaya luego de casi cuatro años afuera y se me hizo un poco cuesta arriba la vida.
Volví a viejas estructuras luego de haber vivido en otro tipo de estructuras en las que me sentí mucho más libre mientras viajé durante casi cuatro años y ese fue un cambio que se dio de manera lenta pero que llegó un punto en el que no lo toleré más y realmente necesité irme de Maldonado y de mi casa (con todo el cariño que le tengo a mis padres) para vivir a mi manera, en un intento de volver a vivir algo de la aventura del viaje, y vaya si lo conseguí!
Las costas rochenses del Cabo me arroparon con todo su ser. Encontré paz y felicidad.

Gracias Cabo Polonio ♥️
Aprendí que siempre tenemos que escucharnos a nosotros mismos/as. El estómago se mueve y nos dice cosas, el alma sabe también hacia dónde moverse.
Escúchate a ti mismo/a, y te va a ir muy bien. Que el éxito se defina por lo bien y lo sano que te sientes haciendo algo o estando con alguien.
Gracias.