Entre las décadas de 1850 y 1870 llegaron a Uruguay unos cuantos inmigrantes italianos (Lorenzo Salvo, Ignacio Lavagna y Francisco Piria entre otros) que con lo puesto y poco más – en su mayoría – cambiarían favorablemente la historia del país ubicado al oriente del Río de la Plata. En ese entonces, ni siquiera él mismo lo sabía, pero Lorenzo Salvo terminaría siendo la piedra fundamental para la posterior construcción del Palacio que terminó llevando su apellido.
Don José Lorenzo Salvo llegó a Uruguay en algún momento entre 1860 y 1865. Dejó a su mujer y a sus 3 hijos (Dionisio, José y Ángel) en Italia, que de a poco fueron llegando a Uruguay para acompañarlo en su nueva aventura. En 1877 nació Lorenzo, su único hijo uruguayo.

Los comienzos no fueron fáciles. Don Lorenzo logró tener una pequeña tienda en una de las esquinas de Agraciada y Castro, luego su hijo Ángel aprendió el oficio de sastre con su madre y junto a sus hermanos salían a repartir ropa hogareña y otros productos. Les fue muy bien, y en 1876, la familia Salvo creó una empresa llamada «Tienda y Almacén Salvo» que vendía de todo un poco (vinos, comestibles, ropas, forraje, etc). Años más tarde, se animaron a poner una empresa textil que fusionaron luego con José Campomar en 1910 formando la empresa Salvo y Campomar Cía. Ese no sería el último de sus proyectos.
El pundonor y las ganas de seguir progresando de Don Lorenzo se veía reflejado también en sus hijos. Un día, los hermanos Salvo vieron el Palacio Barolo, en Buenos Aires, se enamoraron del proyecto y pidieron a su arquitecto, el italiano Mario Palanti, que diseñara uno similar para Montevideo como una manera de agradecimiento a la ciudad que les había dado tanto dinero. Así fue como un día de Octubre de 1928 se inauguró el Palacio Salvo, que fue con sus 105 metros de alto el edificio más alto de Sudamérica hasta 1935. Vale aclarar que se construyó sobre la confitería La Giralda, donde el tanguero uruguayo Gerardo Matos Rodríguez presentó por primera vez a su tango La Cumparsita.
Fue construido para funcionar como edificio de oficinas con un sector destinado a hotel y la planta baja dedicada a locales comerciales. Actualmente cuenta con comercios en la planta baja, y los pisos superiores están dedicados a viviendas y oficinas.





Hay leyendas paranormales relacionadas con el Palacio Salvo, la más conocida es la de Ismael Rodríguez. Se trata de un empresario que en 1999 vivía en el edificio en el séptimo piso. Una noche vuelve alrededor de las 23 horas y entra al ascensor, cuando llega a su piso recorre el pasillo largo y oscuro, pero cuando va a abrir la puerta de su apartamento, alguien por detrás le apunta con un arma blanca y lo obliga a entrar.
Todos los martes, Rodríguez se encontraba con un socio que le traía siempre mucho dinero en un portafolio. El delincuente lo sabía perfectamente, estaba dispuesto a esperarlo para llevarse la plata. Al escuchar Ismael al ladrón, le dice que ese día no vendría, pero no le creyó y quedó esperándolo por casi una hora.
Ismael Rodríguez estaba muy nervioso y no podía hacerle entender que nadie vendría, pero en cuanto tuvo ese pensamiento, la puerta se abrió sola. Ambos ven en el pasillo a un hombre alto, muy elegantemente vestido, todo de negro y con un paraguas largo. Rodríguez quedó sorprendido porque sabía de quien se trataba.
El delincuente le preguntó quién era esa persona y sin dudarlo le contó la verdad. Le dijo lo que todo el mundo sabía en el Palacio Salvo, que se trataba de un fantasma. El ladrón salió despavorido y se fue sin darse vuelta.

Son muchos los relatos de personas que vivieron y trabajaron en el edificio, y siempre coinciden en haber visto la figura de un hombre con buen porte, semejante a un Dandy.
Se cree que se trata del espectro de unos de los hermanos Salvo, que fue asesinado cuando iba al cine por un sicario el 29 de abril de 1933. Pudo disfrutar del edificio tan sólo cinco años.
Las personas que habitan en el Palacio Salvo aseguran haberlo visto en las escaleras y merodeando por el piso siete. Uno podría pensar que tal situación provocaría miedo, pero nadie dice tenerlo, todo lo contrario. Los testimonios coinciden en que se trata de un espectro bueno, que ante situaciones extremas siempre está presente, ayudando a las personas. Muchos dicen que les ha traído suerte.
Cuenta otra historia que una niña cayó por las escaleras y un buen hombre se acercó a ayudarla. Cuando fue a su casa a contar lo que le había sucedido, dio la misma descripción del hombre.
En el edificio es muy común que las puertas se abran y cierren solas. Los porteros aseguran que los ascensores viejos y los modernos instalados no hace mucho, suben hasta el piso siete y luego bajan sin nadie adentro.
Hace mucho tiempo que tenía ganas de ir hasta el Palacio Salvo, hacer estas fotos y contar su historia. Si sos de quienes llegaste hasta el final, ¿conocías la historia del Palacio Salvo?
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